Nuestra historia con la madera no tiene un comienzo preciso. Podríamos decir que crecimos acunados por ella. 

Hijos de padre mexicano y madre argentina. Nacimos allá hace más de treinta años y, desde hace veinte, hicimos de la tierra materna nuestro hogar. 

Somos Matea y Nahuel, y somos hermanos. Escenógrafa y diseñador; en nuestros trabajos siempre tuvimos la oportunidad de reencontrarnos con el material noble que nos vio crecer: ese que nos acompañó durante toda la infancia cuando la carpintería de nuestro papá oficiaba de cuarto de juegos y nos divertíamos creando universos con maderitas.  

Pero no fue sino hasta hace algunos años que decidimos hacer de la fabricación de muebles nuestra forma de vida. Para lograrlo necesitábamos la ayuda del mejor carpintero que conocíamos. No había nadie que pudiera transformar la materia prima en mundos

mágicos y llenos de posibilidades como “Luis Maderas”, el nombre por el cual todos en San Cristóbal de las Casas y Tulum conocen a nuestro papá.

Así fue que regresamos a México, ¡y nos lo trajimos! Con su llegada, hace cuatro años, le dimos forma a Pipí Cucú: este rinconcito en donde hacemos lo que nos gusta y, en familia, recreamos para ustedes los mundos de nuestra infancia feliz.  

Día a día, ya adultos, continuamos aprendiendo de nuestro papá: sobre la importancia de los detalles, que el camino más difícil muchas veces lleva al mejor resultado y que la paciencia es la mejor aliada, siempre. 

Esperamos que cuando hagas tuyos nuestros muebles y objetos sientas todo el amor que les pusimos adentro porque no hay creación más bella que aquella nacida del sentimiento sincero y profundo que late eternamente entre padres e hijos.